sábado, 28 de enero de 2012

El multilingüismo peruano


INTRODUCCIÓN: 



LINGÜÍSTICA


            La lingüística y otras ciencias del hombre, como son la antropología y la sociología, en su avance científico, ha demostrado lo insustancial de los conceptos de superioridad cultural e idiomática. Pues, se entiende, en principio, que la lengua es un producto cultural de creación social, que tiene la particularidad de reflejar todas las realidades culturales de una sociedad determinada. Dicho de otra manera, la lengua es un instrumento de interacción social, cuyos significados están constituidos por la representación total de una cultura, y cuyas expresiones formales se organizan, lingüísticamente, sobre la base de unidades y estructuras arbitrarias. En este sentido, es la manifestación de la material y espiritual de un pueblo. La lengua es una expresión sistemáticamente estable, pero dinámica y mutable en el uso concreto. Es impuesta a las generaciones nuevas y éstas la manifiestan en constante evolución a lo largo de su ciclo vital. Esta mutabilidad está estrechamente correlacionada a la evolución cultural de la sociedad que la practica. Es por esta razón que el valor de una lengua, en términos de eficiencia, de productividad, es determinado, fundamentalmente, en relación con la cultura en que se sustenta y de la que es parte.

            Cuando se produjo – por citar un caso – el contacto de la cultura occidental con la andina, en el siglo XVI, el castellano fue un instrumento insuficiente para comprender y expresar, luego, la cultura nativa. Esto se puede observar en los documentos burocráticos y en las crónicas de la época. Bástenos recordar que los peninsulares llamaron ‘mercaderes’ a los ‘trocadores’ (agentes de intercambio de excedentes sólo con valor de uso); a las llamas ‘carneros del lugar’, y que creyeron encontrar en la religión andina un paralelo a la ‘Santísima Trinidad’. La imaginaron constituida por los dioses ‘rayo, trueno y relámpago’, por ser denominados en quechua con un mismo vocablo: ‘Illapa’ (Vega, 169: 42). Sin embargo, afortunadamente, a nadie se le ha ocurrido utilizar esta comprobación histórica para argumentar la inferioridad del castellano al ser confrontado con una cultura que le era extraña.

            En cuanto una lengua expresa una cultura de mayor o menor grado de complejidad y expansión, goza de mayor o menor grado de aceptabilidad social. Por tanto, la idea de superioridad idiomática, en uno u otro aspecto, sólo puede aceptarse, como una confusa identificación con el criterio de ‘prestigio social’ que se deriva del poderío militar, económico, científico, político y/o artístico de la nación o del sector social dominante. Por consiguiente, el prestigio del que gozan algunas lenguas se debe, en sentido estricto, a razones extralingüísticas.

          En una perspectiva lingüística, no hay lenguas en sí, superiores a otras, no hay unas gramáticas más lógicas ni más razonadas que otras. No hay estructuras fonológicas, sintácticas o semánticas de una lengua superiores a las de otras. Lo que sí se puede observar es la mayor o menor complejidad de unas estructuras en relación con las de otra lengua. Pero esto no es un indicador de superioridad: es sólo un reflejo del proceso de evolución de una lengua.

            La cantidad de vocablos tampoco es indicio de calidad idiomática. El hecho de que en la lengua árabe existan ‘varios cientos de palabras para hacer distinciones entre camellos’ no es razón para suponer una superioridad de aquella lengua sobre la nuestra, en la que sólo disponemos de los términos ‘camello’ y ‘dromedario’ para referirnos a aquellos camélidos. La abundancia léxica, en este caso, es explicable porque el camello cumple una función muy importante en el mundo cultural de los árabes. Algo má interesante se registra en la lengua navajo. Por ejemplo, ‘hay mil nombres registrados de plantas; todo trabajo u oficio tiene una terminología propia completa; los términos de la técnica ceremonial por sí sola llegan por lo menos a quinientos’ (Rossi, 1974:28). Sin embargo, estas características no le conceden rango superior.
ROJAS, Íbico. Lingüística y comunicación. Fundamentos teóricos sobre información, comunicación, lingüística y sociolingüística. Lima, Editorial San Marcos, 1997, pp. 357-359
Nuestro país goza de la diversidad de culturas y lenguas como ninguna otra nación en el mundo.


Los tres pilares de la identidad cultural


La identidad cultural de un pueblo depende de tres factores principales: el histórico, el lingüístico y el psicológico (este último,  entendido en su acepción más amplia, puede abarcar las particularidades religiosas). La importancia de esos factores varía según las circunstancias históricas y sociales de cada sociedad. Sin la concurrencia de lo tres no puede haber identidad cultural plena, ya se trate de un pueblo o de un individuo.

¿Puede establecerse una jerarquía de esos tres factores o bien intervienen por partes iguales en la configuración de la personalidad cultural?
La conciencia histórica es el baluarte más sólido que un pueblo puede erigir contra todas las formas de agresión exterior, ya sean culturales o de otro tipo. De ahí que en los contactos entre civilizaciones – por ejemplo, en un proceso de colonización – los colonizadores se esfuercen por debilitar, cuando no destruir, la conciencia histórica del pueblo colonizado.

El ejercicio de la soberanía nacional es pues la mejor escuela del espíritu y de alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.

Es difícil afirmar cuál de los dos factores, el histórico o el lingüístico, es más importante. Para Montesquieu, quien decía que ‘un pueblo vencido puede conservar la esperanza mientras no haya perdido su lengua’, ésta aparece como el único denominador común, como las señas de identidad cultural por excelencia.

Pero la unidad lingüística jamás se da a escala continental. La fragmentación y la diversidad son la regla general hasta que un esfuerzo oficial, una decisión política trata de extender el uso de una lengua en detrimento de otra, aunque sea por la fuerza. De todos modos, este proceso sólo afecta en un principio al léxico; escapa en cambio a él la gramática, es decir la morfología y la sintaxis.

Fenómeno particular, la ‘creolización’ está vinculada a circunstancias históricas muy precisas. Este proceso lingüístico es obra de unos cuantos individuos aislados, privados de su libertad, arrancados de su medio original y arrojados brutalmente en otro, al que se adaptan como pueden. Así, los africanos analfabetos deportados a las Antillas han deformado algunas lenguas europeas y creado nuevos lenguajes – como el creol – en los que los investigadores han podido encontrar algo así como un eco lejano de las estructuras sintácticas y morfológicas de las lenguas africanas.


Finalmente, el factor psicológico supone, en el seno mismo de la diversidad, cierta permanencia de las estructuras psíquicas. Para analizar este factor a fondo habría que estudiar ante todo lo que podríamos llamar las constantes culturales.

Puede considerarse el medio cultural como una estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino. Sólo la destrucción por una causa mecánica de origen externo, la ruptura interna por razones diversas o la esclerosis por exceso de autarquía pueden serle fatales.

Cada civilización posee, en efecto, un doble registro conceptual. El primero pertenece a una esfera específica, a una zona protegida, valga la expresión, por la barrera psicológica propia de cada pueblo, espacio que no se puede aprehender sino desde dentro. Este registro, que es también el lenguaje poético, constituye el núcleo denso, la fuente viva, el corazón de toda cultura universal. Jean Paul Sartre lo definió al decir que ‘los rasgos específicos de una sociedad corresponden exactamente a las locuciones intraducibles de su lengua’. El segundo registro da cuenta de los universal, de las ideas generales inteligibles para todos, terreno en el cual una civilización puede influir en otra.

La decadencia del núcleo específico pone término a la vida de las coiedades o de las civilizaciones. Y todos los esfuerzos tienden hoy día a proteger esa especificidad enriquecedora. No se trata de un aislamiento ni de un repliegue en sí mismo sino de la condición primera de la universalidad.
Agosto – setiembre de 1982.
CHEIKH ANTA DIOP. Publicado en El Correo. Año XXXIX. UNESCO. París, mayo – junio de 1986, pág.58.


El perfil lingüístico de nuestro país presenta, como una de sus particularidades esenciales y evidentes, un multilingüismo o plurilingüismo manifiesto a través del empleo de dieciocho familias lingüísticas aparte del castellano. Las dieciséis familias lingüísticas habladas en nuestra región amazónica la convierten en la de mayor complejidad lingüística; seguida de la Sierra con dos familias lingüísticas vigentes. Tras la supuesta extinción de sus lenguas amerindias (mochica, olmos, sechura, tallana, quingnam, colán, catacaos, pescadora, etc.; habladas todavía a la llegada de los españoles), se considera actualmente a la Costa como una zona totalmente castellanizada. Sin embargo, debido a los fuertes movimientos migratorios peruanos del siglo XX, sobre todo de la Sierra a la Costa, encontramos miles de hablantes de lenguas amerindias todavía vigentes en la Sierra o la Selva.
Así; en el Perú, existen hablantes monolingües y hablantes bilingües o plurilingües.



INDEPA se encarga de cuidar nuestros orígenes lungüísticos y culturales.



II. LAS LENGUAS DEL PERÚ: En el territorio peruano se hablan dos tipos de lenguas: las lenguas amerindias y las lenguas no amerindias.

A) Lenguas Amerindias.- También conocidas como aborígenes, vernáculas, nativas, oprimidas, etc. Son las lenguas de la América Indígena, aparecidas en nuestros territorios antes de la llegada de los occidentales. En nuestro país, estas lenguas se clasifican en lenguas andinas y lenguas amazónicas.

1. Lenguas Andinas.- Estas lenguas tienen como territorio hegemónico los accidentados relieves de la Sierra; aunque poco a poco vienen tomando clandestinamente las ciudades de la Costa. En nuestro país tenemos dos importantes familias lingüísticas andinas: la familia lingüística quechua y la familia lingüística aru.

            a) Familia Quechua.- Una gran variedad de lenguas clasificadas con la etiqueta de quechua o runa simi se usan a lo largo y ancho de nuestro país. Veinte de los veinticuatro departamentos del Perú tienen quechuófonos.
Conste que no sólo en el Perú se usa el quechua. En Bolivia, Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia y Chile también se usan lenguas de la misma familia lingüística del quechua.
Según datos del INEI, la lengua amerindia más importante de nuestro país es el quechua, siendo el quechua sureño el más expandido y con más hablantes monolingües o bilingües.
La investigadora Inés POZZI – ESCOT, en su libro El multilingüismo en el Perú, plantea la siguiente distribución de la familia lingüística quechua:


Quechua norteño: Quechua de Chachapoyas, quechua de Cajamarca, quechua de Ferreñafe (Incahuasi – Cañaris) y quechua de Lambayeque.

Quechua central: Quechua de Conchucos, quechua del Callejón de Huaylas, quechua del Alto Pativilca, quechua de Huánuco y del Huallaga, quechua Yaru, quechua Huanca y quechua de Yauyos.

Quechua costeño central: Quechua de Pacaros.

Quechua sureño: Quechua ayacuchano (Chanca), y quechua cusqueño (Collao).

Quechua de la selva: Quechua del Napo, quechua de Pastaza, quechua de San Martín (Lamas), quechua santarrosino y quechua del Tigre.



b) Familia Aru.- Dos lenguas aru se consideran vigentes en la actualidad: aimara y cauqui. A la lengua jaqaru se la considera extinta, aunque algunos todavía la consideran viva mientras que otros la consideran un dialecto de la lengua cauqui.
Aimara.- También conocida como aru sureña o aimara sureña. Tiene una gran trascendencia no sólo en el país sino en Sudamérica, pues, además de usarse en el Perú se usa en Bolivia y Chile.En nuestro país se usa en Puno, Moquegua, Tacna y, debido a la fuerte migración de puneños, también en Arequipa. Esta lengua no sólo tiene como enemigo, en su lucha por la sobrevivencia, al catellano; sino, también al quechua cusqueño.

Cauqui.- Se encuentra en proceso de extinción, como la gran mayoría de las lenguas amerindias de todo el continente. Viene siendo desplazada por un dialecto castellano del sur de Lima. La gran mayoría, sino todos, de sus hablantes son bilingües. Se usa todavía en los pueblos de Tupe, Colca, Aiza, Cotahuasi, Chavín y Canchán; todos ellos en la provincia de Yauyos, al sur de Lima.

2. Lenguas Amazónicas.- Son tantas y tan disímiles que han sido agrupadas en dieciséis familias lingüísticas:
a) Familia Arahua.- Lengua culina.
b) Familia Arahuaca.- Lengua campa – asháninca, lengua campa caquinte, lengua chamicuro, lengua iñapari, lengua machigüenga, lengua campa nomatsigüena, lengua piro, lengua resígaro y lengua yanesha (amuesha).
c) Familia Bora.- Lengua bora.
d) Familia Cahuapana.- Lengua chayahuita y lengua jebero.
e) Familia Candoshi.- Lengua candoshi – shapra.
f) Familia Harakmbut.- Lengua Harakmbut.
g) Familia Huitoto.- Lengua huitoto y lengua ocaina.
h) Familia Jíbaro.- Lengua achuar – shiwiar, lengua aguaruna y lengua huambisa.
i) Familia Pano.- Lengua amahuaca, lengua capanahua, lengua cashibo – cacataibo, lengua cashinagua, lengua matsés – mayoruna, lengua sharanahua – marinahua, lengua shipibo – conibo, lengua yaminagua y  lengua nagua.
j) Familia Peba – yahua.- Lengua yahua.
k) Familia Shimaco.- Lengua urarina.
l) FamiliaTacana.- Lengua ese eja.
m) Familia Ticuna.- Lengua ticuna.
n) Familia Tucano.- Lengua orejón y lengua secoya.
o) Familia Tupí – guaraní.- Lengua cocama – cocamilla y lengua omagua.
p) Familia Záparo.- Lengua arabela, lengua iquito y lengua taushiro.


Estas cuarenta y dos lenguas amazónicas conocidas se usan a lo largo y ancho de nuestra región amazónica. Sin embargo, dialectos de estas lenguas se usan en países vecinos como Brasil, Colombia, Argentina o Bolivia.

B) Lenguas No Amerindias.- Las lenguas amerindias constituyen el cuerpo de lenguas que ingresaron a nuestro territorio a partir del siglo XVI. De todas ellas, el castellano aparece como la más importante; sin embargo, existe presencia significativa de otras lenguas no amerindias como la portuguesa, la china y la japonesa que a pesar de no tener mucha relevancia en el mapa lingüístico peruano tienen, sí, una valiosísima presencia cultural y económica.


III. SITUACIÓN DE LAS LENGUAS DEL PERÚ.- Si la lengua es, como afirma Íbico ROJAS, el último refugio de libertad que tiene el ser humano, esta libertad se respira irónicamente en nuestro país; pues, la CPP en su artículo segundo, inciso décimo noveno, dice: Toda persona tiene derecho: (...) A su identidad étnica y cultural. El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación.
Todo peruano tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intérprete. Los extranjeros tienen este mismo derecho cuando son citados por cualquier autoridad.

No hace falta un análisis muy profundo de la letra ni del espíritu de la ley para observar la carga segregacionista e irónica de esta norma; pues, por un lado, se les reconoce el derecho a usar su propia lengua frente a las autoridades, pero se condiciona este uso a la presencia de un intérprete.

Por otro lado, el artículo cuadragésimo octavo de la CPP dice: Son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley. Una ley que hasta ahora no se ha dado y que duerme el sueño de los justos.

Recordemos que, siendo que la mencionada ley reguladora no existe, las autoridades no están obligadas a prestar atención a la posibilidad que tenemos todos los peruanos a comunicarnos y defendernos en la lengua con la que aprendimos a comunicarnos, nuestra lengua materna.

Realistamente hablando, la única lengua oficial que tiene el Perú es el Castellano, las demás se encuentran en una situación de inferioridad política, social, cultural y étnica vergonzosas.












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